viernes, 16 de junio de 2017

Ropa infantil de verano (3),

 Para aprender a coser hay que empezar por algo sencillo, porque hasta hacer un simple cojín tiene su historia. Si tienes la suerte de poder vestir a una niña, es una muy buena manera de iniciarte. La verdad es que una niña va a lucir lo que le pongas de una forma espectacular. Y te va a dar la ilusión que necesitas para seguir creando modelos.

 Elige un patrón sin complicaciones, preferiblemente de una pieza, y combínalo con una tela vistosa. Será un éxito seguro. Y si quieres un proyecto más fácil todavía, mide el contorno de su pecho y con el doble de esa medida, y el largo que te guste para ella, obtienes un rectángulo que será el vestido. Frunce el escote y déjalo abierto por detrás. Añade las tirantas y ya está terminado. Fíjate en estos ejemplos :

Vestido estampado de flores, fruncido en el escote y con coletero a juego.

Vestido o camisón en batista blanca con bordado y festón en el borde, con pliegues en el pecho. Pañuelo rosa reversible para el pelo.

  Con esta idea de verano, nos vemos en Menuda Inspiración.



viernes, 2 de junio de 2017

Camisetas infantiles (4).

 Coordinando unos bañadores que tenían el dibujo de unas fresas, ideamos las siguientes camisetas :


 Como hemos hecho en otras ocasiones, adquirimos una camiseta ya confeccionada, con patrón de niño y de niña, claramente diferenciados, y bordamos nuestro dibujo sobre ella. Para que el bordado quede perfecto, consulta mi entrada Camisetas infantiles.


 Utiliza colores vivos, los colores pastel sobre fondo blanco apenas se ven, y con la luz del verano tu bordado tendrá un contorno más definido.


 Si te decides por un hilo de algodón fino, deberías bordar con dos hebras. Así se marcarán más los trazos del dibujo. Yo prefiero hacer dos filas de punto de tallo, siendo la segunda la línea interior al dibujo, para no deformarlo.

 ¡Y qué fresones bajamos a la playa!






¿Qué tal sentarían en Menuda Inspiración?




viernes, 26 de mayo de 2017

Palillos de bolillos de madera (2).

 Se podría decir que son el tesoro de mi Taller de Hilos. A pesar de dedicarme a otras técnicas, el encaje de bolillos siempre ha estado muy presente, ya sea por su belleza o por su dificultad en la elaboración. Así se justifica también el intenso empeño que he puestoen aprender a hacer este delicado arte.

 En todas mis labores he partido de una premisa imprescindible: para aprender correctamente a hacer un trabajo hay que emplear buenos materiales. Mis manos y mis ojos valen mucho como para que, después de dedicarle tiempo, el trabajo muestre un mal aspecto causado por la pobreza de los materiales. Y ya que lo denomino Taller de Hilos, está claro qué detalle es el más importante para mí.
 Hay algunos elementos que pueden ser sustituidos por otros más rudimentarios, pero manejar accesorios poco adecuados puede originar malos hábitos o incluso el aprendizaje erróneo de una metodología en concreto. Si hay una imagen en la red que me impactó fue aquella que encontré en la que se estaba haciendo encaje de bolillos utilizando pinzas de la ropa... Este extremo no es necesario. Como en todas las artes, hay distintos grados de calidad en los instrumentos, acompañados de un precio. En el término medio está el buen gusto. 

 Conforme me interesaba más el encaje de bolillos iba aumentando mi interés en mejores materiales. Me atraía su belleza, sobre todo, la de las maderas nobles de los palillos de bolillos. Algunas de estas maderas, desconocidas por mí hasta entonces, consiguieron hipnotizarme lo suficiente como para adquirirlas.



 Bolillos de Bayeux en madera de Amaranto. Gallina-alfiletero realizada con la técnica de patchwork, y bolsa a juego para recoger los hilos, confeccionadas por Pepi Eleno.







Palillos de bolillos en madera de Guatembo, algunos pintados con chalk paint o pintura a a tiza por Ángeles Santigosa, coronados por un bolillo recuerdo de Camariñas.

Palillos de bolillos en madera de Bobinga, durante la realización de un encaje.


viernes, 19 de mayo de 2017

Francisco, el pianista de Hinojosa.

 Muchos años lleva Mariña Regueiro creando encajes de Hinojosa, dirigidos desde su Escuela de Encajes en Santiago de Compostela. Su labor ha culminando en la publicación de un libro llamado El Encaje de Hinojosa. Historia y Técnica, escrito en cuatro idiomas, editado en marzo de 2011 por primera vez. Probablemente, éstos sean los mismos años que tiene en su haber personal Francisco Cordero Carrión, la más joven batuta del Encaje de Hinojosa. 

 Tanto desde su canal de Youtube, llamado Patrones 2000, como desde su grupo de Facebook, Encaje de Hinojosa, la sureña voz de Francisco nos descubre cómo llegar al final de una complicada curva, en la que ni habrías pensado en entrar tú solo, con la templanza de estar viendo una película bélica sabiendo el final. Este hecho justifica las impresionantes cifras de sus videos, llegando a las casi 4.300 visitas en algunos de ellos y a más de 56.000 visualizaciones del canal en apenas tres meses.

 Desde un ángulo casi imposible, las explicaciones de Francisco son obedecidas por sus ágiles manos, modelando con sus palabras el más español de nuestros encajes. Su serenidad, transmitida en una lineal voz, nos aporta el escudo de seguridad para seguir hasta el siguiente alfiler, mientras repite incansable el motivo de su proceder a cada paso, volviendo a las primeras lecciones. 

 Sus comentarios alentadores en Facebook se mezclan con las fotos de los ejercicios de sus alumnos, que releen sus palabras, buscando resolver el cambio de guía que les permita acercarse a un trabajo bien hecho. Cada pregunta obtiene la tranquilizadora respuesta de este virtuoso pianista del bolillo, que nos recomienda seguir el método cerrado, obligado al utilizar un mundillo redondo.

 A la vez que su fervorosa audiencia, Francisco está elaborando el muestrario de encaje de Hinojosa con el que nos desvela los secretos de los más de veinte puntos con los que se realiza. En su caso, se puede apreciar un auténtico dominio de esta técnica, ya que sus curvas tienen una ejecución admirable. 

 Llegando a la mitad de los puntos más conocidos del encaje extremeño, y con dudoso éxito en algunos casos por mi parte, soy consciente del esfuerzo que está realizando este maestro, descubierto por mí hace poco. 



 Sobre la mesa de mi Taller, observo este paisaje que contrasta la elevada experiencia de Mariña junto al sorprendente conocimiento de la juventud de Francisco.



 Francisco, gracias. Esperamos tu próximo video.

sábado, 13 de mayo de 2017

Funda para la máquina de coser.

 Que me guste la costura, las telas y los hilos no es casualidad. En casa siempre ha habido mucho movimiento de estos materiales. Y el llamado "armario de la costura" era para mí como el escondite de los tesoros, que, cuando mi Madre lo abría, yo no quería que se cerrara nunca. Deseaba tocar todo lo que en él se guardaba, meticulosamente ordenado, y dejarlo siempre así, para encontrarlo en la más estricta secuencia de tamaños y colores. 
 Así, marcada desde pequeña, el tener un sitio reservado para coser era una prioridad para mí. Es el espacio de los sueños, donde duermen y se hacen realidad. Así que debe ser acogedor, limpio y confortable.
 Mi Madre lo ha tenido en cuenta aún cambiando de casa. Presidido por la máquina de coser, dibujó el boceto de un armario de madera hasta el techo, preservando su espacio de costura. Yo examinaba con detenimiento la nueva ubicación para su máquina de coser, hasta que, oh horror, decidió cubrir tan preciado tesoro con un escueto trozo de tela que hacía caer estrepitosamente la magia de aquel momento. Fue en ese instante cuando me sentí en la obligación de hacerle una funda para su máquina.




 En realidad, se trata de un proyecto muy sencillo, basado en tres rectángulos. Dos de ellos serán iguales (en adelante, A es el delantero y B es el posterior). El tercer rectángulo, de mayor longitud, servirá de unión entre los dos que son iguales (en adelante es C). El tamaño de los rectángulos dependerá de las dimensiones de la máquina de coser.









 Situar el rectángulo B con el revés hacia arriba y unirlo por los laterales y la parte superior al rectángulo C.  En tejidos con dibujo tener en cuenta que éste coincida, y hay que prestar más atención si se trata de un dibujo a rayas. Remallar y coser.






 Para redondear las esquinas, girarlas provocando dos pliegues en los rectángulos A y B, sobre el rectángulo C.













 Coser los laterales del rectángulo A y después unirlo al rectángulo C sólo por la parte superior. De esta forma, el rectángulo A se levantará completamente y dejará ver la máquina.











 Para finalizar, remallar y coser todo el bajo por igual, teniendo en cuenta la altura de la máquina.  



Así quedó la funda de la máquina de coser antes que la viera Mamá.
 ¡Era una sorpresa!
FELIZ DÍA DE LA MADRE


 Si queréis ver más labores para el Día de la Madre se publicó una entrada especial.




viernes, 5 de mayo de 2017

Traje de gitana de niña.

 La expresión de nuestras tradiciones se refleja viviéndolas cada año y, sobre todo, enseñándole a nuestros hijos que somos así, y que ellos serán los responsables de que sigamos siendo así. En Andalucía tenemos el buen genio de mantener nuestra historia con convencimiento, de permitir que nuestros sentimientos nos rebosen los ojos de emociones, y de saber ser uno solo en nuestro particular repique de palmas. Se nos llena el pecho hablando de nuestra ciudad, y es lógico que así sea. Por eso, es de lo que más hablamos cuando no dudamos en poner a prueba nuestro quejío más conocido: las sevillanas. 

 "... Impresionante, Sevilla es impresionante, Sevilla es de otra manera. El delirio, plena y arte, lo mejor de España entera".

 Y si con la Semana Santa no quedó claro, para confirmarlo, nuestra Feria de Abril. Ya es una ciudad bonita, pero imagínatela con una luz única, resaltando todos los colores y llena de alegría. Mi sobrina Ange ensalza los mismos adjetivos. No hay una sevillana más guapa y más feliz en todo el Real.



 No pocos quebraderos de cabeza me dieron esos pequeños volantes. Era el segundo traje de gitana que hacía, pero esta vez sin una prueba posible.



   

  La combinación entre telas en tono gris perla, donde predomina el estampado en lunares blancos, permite acompañar a este traje infantil de un mantoncillo de cualquier color, pero buscando aquél que centre la atención, para eliminar la sobriedad del color gris. En este caso, hemos elegido un rojo brillante para confeccionar a crochet pequeños círculos que, unidos y flecados, permitieron vestir el mantoncillo cruzado, como es habitual en la indumentaria para niñas.


 Después de unas semanas taconeando sólo por casa, disfrutando como una princesa, es mejor prevenir con unas medias finitas con lunares grises y lacitos.

¡¡Y nos vamos a la Feria!!

      
   




Y después de la Feria, nos vamos a Menuda Inspiración.

viernes, 28 de abril de 2017

La máquina de hacer punto de abuela.

 De las historias que se han contado en casa, las que más me han fascinado siempre han sido las que recordaban cómo se habían hecho ciertas labores. Abuela Nati siempre estaba haciendo alguna. Nos dejó en herencia que cuando se terminaba algún trabajo había que rezar el "Bendito y Alabado". Se lo he visto hacer a mi Madre mil veces, y yo también lo hago, mientras observo mi obra con satifacción. Abuela tenía una habilidad especial para transformar telas e hilos. Le daba la vuelta a un traje de chaqueta de caballero y se hacía una chaqueta y falda para ella, con un corte que ni soñarían las modistas de la época. Y no sólo cosía, sus bordados eran dignos de museo. Obtenía las telas del lugar más insólito, como aquel mantel bordado a partir de la manga que medía el viento en el aeropuerto de Córdoba. Del dibujo a bordar se encargó Natita, convertida hoy en Tía Mari Naty. "Natita, deja ya el lápiz, que luego hay que bordarlo...". Costura, bordados, crochet, punto... Era tal la versatilidad de esta mujer adelantada a su tiempo, que no había técnica que se le resistiera. No tuvo ninguna dificultad a la hora de trabajar con una máquina de punto, ya moderna en aquel entonces. Esta joya la siguió por las distintas casas en las que vivió, para después descansar durante más de cuarenta años recogida en su maleta. Después de oir hablar tanto de ella no podía ni soñar que yo la haría viajar de nuevo a otro destino.

 Cuando Tía Pilar me la ofreció no dudé ni un momento que la quería, sin tener ni tan siquiera una imagen de lo que estaba aceptando. Al ver la maleta, me impresionó su tamaño. Más de un metro de largo por apenas veinte centímetros guardaban un trocito de historia, de nuestra historia. Nos daba miedo o respeto abrir esos pestillos, y lo hicimos lentamente. 


El interior desconcertaba. A un lado, varios tubos metálicos, piezas y accesorios se distribuían desordenados a lo largo de la maleta. Pero mi interés estaba en un trapo arrugado en un extremo y en una libreta que quedó aprisionada debajo de los tubos.


 En la otra mitad de la maleta, quedaba el verdadero instrumento con el que conseguir perfectas labores de punto, casi a la altura de las industriales. Y aún conservaba la funda de plástico original, que lo preservaba del inevitable deterioro que los años querían hacer sobre este equipo, y que sólo consiguieron actuar sobre la ahora delicada maleta.


 Tía Pilar, conocedora de lo que allí había, cogía con soltura las piezas, las mostraba y las nombraba, mientras yo buscaba ansiosa la letra de abuela en aquella estropeada libreta. 


 En estas circunstancias se hace verdad que todo depende de los ojos con los que lo miras. Mientras otro la tiraría a la basura, yo era capaz de abrazarme a aquella polvorienta maleta, con riesgo de terminar totalmente desaliñada.




 Ya no sabía a qué sentimiento escuchar cuando apareció Tía Pilar con el tan necesario libro de instrucciones, con hojas sueltas en su interior. Y en esas hojas, vuelvo a contener la respiración al recordarlo, se mezclaban la letra de abuela, de Tía Carmen, Tía Pilar... con los datos de las prendas a realizar y los nombres de mis primos mayores, incluso de mi Madre, que lucirían esas prendas. Cuántas tardes de conversación habrán escuchado esos trazos...





 Cada entrada que escribo contando las cosas de casa, recuerdo cuando empecé con este blog y Tía Mari Naty me dijo que iba a escribir la historia de la familia... ¿se puede acertar más?

 Son muchos los que me ven capaz de poner esta máquina en marcha de nuevo. Otra rubia de ojos claros pasando los peines de lado a lado. Sin duda, es un trabajo delicado que hay que estudiar con detenimiento. ¡Prometo intentarlo al menos!

viernes, 21 de abril de 2017

Cestos de mimbre.

 El arte de trenzar mimbre es una de las más antiguas técnicas de manualidades de nuestro país. Junto al modelado del barro, constituye el comercio típico de pequeños núcleos de población, especialmente en el sur de España, donde el clima es más seco y favorece su conservación. Además, por sus propias características, aporta sensación de frescor al ambiente, indispensable en esas latitudes.



 El mimbre proviene de las ramas de un arbusto de la familia de los sauces. En concreto, se trata de Salix viminalis. Así, estas fibras vegetales destacan por su extrema flexibilidad cuando se encuentran verdes y húmedas.

 A pesar de su sencillo final, dar forma al mimbre no resulta fácil. Existe un procedimiento a seguir, durante el cual se humedecen las cañas para conseguir curvarlas sin romperlas.  Una amplia experiencia se refleja en cestos, bandejas, fundas de botellas, lámparas y numerosos muebles.

  Mi primer costurero fue una cesta de mimbre con asa. Quizá por eso también me apasiona el mimbre. Todavía recuerdo el estampado de la tela que forraba su interior. Los Reyes nos trajeron una cesta para mi hermana y otra para mí, con un juego de agujas e hilo azul bebé. Ese hilo no se acababa nunca, hacíamos y deshacíamos, aprendiendo a hacer punto. Era muy pequeña cuando asociaba esa pequeña cesta con las jarras de cristal que forraba en mimbre un cuñado de mi abuela Josefina, en Jerez de La Frontera, para llenar su tiempo una vez jubilado.

 En casa siempre había cestos de mimbre, entre otros usos, para la ropa sucia y para la ropa de plancha. Estaban vestidos con una funda que llenó una tarde de costura para mi Madre. Cuando tuve mi casa hice por tener el mismo paisaje. Puntillas y distintas telas de algodón adornaban el borde de estas fundas confeccionadas en un lienzo moreno que nunca se acababa en casa.

Cesto para la ropa sucia. 

  
Cesto para la ropa de plancha.







  Además de estos cestos, otros objetos de mimbre adornan mi casa, como la papelera del baño, la cesta de las bolsas que me regaló Tía Carmen, varias cestas para el pan, bajoplatos y hasta un arcón en el salón, que ya lo vimos en Casas rojas de Navidad.

 Y en mi taller, guardo los conos de remallar en una cesta que centra su atractivo, además de en la funda hecha por mi Madre, en su peculiar forma.




 Y siempre con la vista puesta en cualquier mimbre que se ponga por delante, como un cesto cuadrado que tiene mi Madre, con una funda también confeccionada por ella.



martes, 18 de abril de 2017

Un año de Blog y 33.000 visitas.

  Ayer hizo un año que empecé a escribir este blog para enseñar los que yo considero mis tesoros; compartiendo mis creaciones de una forma distinta, llegando donde físicamente sería imposible. Intentando explicar cómo lo he hecho, según mi forma de verlo, sin pensar que fuera la correcta o la única, fui regalando ideas para que otros las repitieran. Me convertí en la administradora de un ritual semanal sin intención de desprenderme de este compromiso que con lealtad firmé en el aire, buscando dar lo que no sabía que podía llegar a dar. Los números fueron subiendo, y con ellos gané una sonrisa de satisfacción. 



 Al ir pasando los meses, las opiniones se tornaron en críticas. Mi pasión casi consigue que me abrazara un grillete, pero el síndrome de Estocolmo floreció en mí con tanta furia que siempre negaré que dejé de controlar la situación. Sin anuncios, sin economía. Ni siquiera me planteé buscar una excusa para seguir, y sin saber si las visitas leían o tan sólo veían las fotos.

 Y fue cuando decidí publicitar mi marca en el que llaman el mayor escaparate del mundo, dispuesta a aguantar la lluvia negra más envidiada por las Escrituras. Busqué a las maestras, fuera y dentro de la red, busqué la perfección que siempre he querido para mis trabajos, busqué sólo hablar de hilos, persiguiéndolos con un exagerado instinto felino, y aprender, olvidando los vicios que yo misma había creado y que me impedían, sin saberlo, lograr una labor de museo.

 Esta desmelenada ilusión por cada entrada me ha sido devuelta en más de 33.000 visitas a mi pequeño rincón. Gracias a todos los que habéis venido con curiosidad, que también es felina, y que nos mueve hacia nuestros sueños, y a los que habéis comentado, sobre el papel y en el aire. Aquí sigo, abrazada a mi dedal de plata, mi bandera, junto a la que voy a seguir enseñando todo el material que queda por sacar de los cajones de mi casa.

 ¡Os espero en la siguiente entrada!




viernes, 7 de abril de 2017

Palillos de Bolillos de madera.

 Siendo el encaje de bolillos una habilidad con historia propia, además de conservar el estilo primitivo de los resultados, sería adecuado mantener igualmente el método de elaboración en base a los utensilios empleados, favoreciendo la reproducción fidedigna de los primeros encajes.
 En Palillos para hacer encaje de Bolillos nos centramos en la importancia de estos palillos en la producción de encajes, y en cómo afecta en el resultado el material que los constituye.
 Como encajera de gusto tradicional y en constante aprendizaje, mi elección está influenciada por los elementos de siempre. Por eso, la mayoría de los palillos de bolillos que componen mi costurero son de madera, de diferente procedencia.

 Bolillos artesanales sevillanos en un galletero de cerámica de La Cartuja de Sevilla, algunos pintados a mano por Naty Santigosa.





Palillos de bolillos en madera de olivo, labrados en madera de Boj y lisos en madera de Cerezo.


 Palillos de bolillos en madera de Boj, rectos, en pico o decorados por Naty Santigosa.

Bolillos en madera de Amaranto, de Carmelo Badalona, adquiridos en Hilaturas Sonia Juan. Bolsa de crochet en tres colores tejida por Merche GS.